Archivo diario: 3 agosto, 2005

Acerca de los cambios…2

Cuantas cosas significan los cambios, verdad? cuando jovencita recuerdo cuánto me asustaban…desde mi primer cambio grande que fue salir del colegio al terminar el primer ciclo de secundaria o liceo para nosotros, siempre había concurrido al mismo,, desde mis cuatro añitos cuando ingresé a lo que en aquellos tiempo se decía "Jardinera" , hoy "Jardin de Infantes", creo que no ha cambiado mucho y menos el significado…
 
Mi colegio de hermanas Capuchinas, seguro, cálido, todas niñas! un mundo lleno de preciosos recuerdos que llegó a su fin cuando cumplí los 15! qué etapa! cambios y más cambios!
 
Recuerdo que me sentía tan perdida, en aquel otro mundo, lleno de gente grande, varones y mujeres todos juntos! jajaja! cuánto me costó adaptarme, pero lo hice!
 
Luego vinieron otros cambios, de la mano de las decisiones que comencé a tomar en mi vida…
 
Comienzo a trabajar…cuánto nervio! otro mundo nuevo para explorar…luego cambios dentro del trabajo, cambios de sección, cambios de tarea…y todos me provocaban, eso tan dificíll de definir en la boca del estómago! no era dolor, pero tampoco era agradable…
 
Y continuaron los cambios…cambios de empleo, cambios en mi vida! de soltera a casada, de ser sólo mujer a ser también madre….y más y más cambios…
 
Hoy y cada día se produce alguno, y más y más grandes se producirán en breve tiempo…no puedo decir que a estas alturas me dejan impávida, si bien es cierto quizás ya la sensación en la "boca de mi estómago"  no sea tan acentuada, pero aún la siento…la gran diferencia es que hoy, ya no me asustan como antes, porque cambiar significa que estoy viva! que lo que venga pueda ser mejor aún de lo que ya está, entonces…bienvenidos los cambios a pesar de las sensaciones que en mi cuerpo despierten!
 
Mi alma está ávida de cambios, para conocerlos vivirlos y aprender de ellos…
 
Todo esto, que acabo de escribir, lo traje a este momento, por lo que copio a continuación y que mi querida amiga Carmen de Japón me hizo llegar… que les haga tanto bien como a mi!
 
¿Te asusta cambiar?

Es increíble el miedo que produce cambiar. Claro, nos educaron con el criterio de que la estabilidad era sinónimo de madurez, de equilibrio. Quien cambia es ‘inestable’, inmaduro, todavía no ha crecido, porque el ideal de vida, para la sociedad, es un mundo quieto. Vivir en el mismo barrio, habitar la misma casa, permanecer en el mismo colegio, tener la misma pareja, ‘durar’ en el mismo trabajo, escoger carrera ‘para toda la vida’, amarrarse a la misma ciudad y al mismo país…todos sinónimos de estabilidad. Ni qué decir de las ideas o de las creencias. Hay que tener los mismos valores, los mismos criterios, la misma mentalidad. Atreverse a innovar es como una ‘locura’ y es más importante permanecer que arriesgar.

Nuestra sociedad valora lo estático, que ‘no produce desorden’, antes de romper esquemas y arriesgarse a que la vida sea diferente.

El criterio más elemental para cambiar, el más simple si se quiere, es que lo que hemos vivido, lo que hemos estudiado, lo que nos ha acompañado, donde hemos permanecido, no nos ha producido ni la paz ni la armonía esperadas.

Muchas personas se lamentan, por ejemplo, por la ‘pérdida’ de valores o por la ‘pérdida de la familia’. Entonces, en la deducción más simplista, ¿’volver’ con la familia tradicional ahora sí dará estabilidad?. Quién dijo? ¿Por qué creer que lo que no sirvió (o es que cree que el mundo va bien),hasta ahora, va a empezar a dar resultados? ¿No sería mejor buscar otra clase de alternativas que al menos nos permitan crear otra clase de circunstancias más humanas, de menos apariencia y de mayor contenido y aceptación de la diferencia? Es el cambio y claro está también el miedo al cambio. ¿Qué escoger…Arriesgarse o Permanecer?, he allí las alternativas.

Aclarando que muchas de las cosas que esperamos afuera no se encuentran ‘afuera’. En más de una situación el cambio exterior no produce los resultados que anhelamos porque los problemas no son tan sólo geográficos, o de ambiente, o de la persona que nos acompaña, o de la ciudad o del país en el que habitamos. Debo cambiar y arriesgarme, pero también debo manejar internamente la flexibilidad para no apegarme, para fluir, para atreverme.

Es el famoso equilibrio: cambiar pero no desbordarse. Cambiar pero no precipitarse o indigestarse queriendo asumirlo todo a la vez. Ningún cambio duradero es rápido o instantáneo. Los cambios necesitan cocción. En el cambio no hay horno microondas sino fogón de leña.

Porque, así sea impactante, lo que permanece quieto es porque está muerto.

Lo  único que no acepta cambio es la muerte. Sorprende cómo los seres humanos dicen tanto de su personalidad a través de su necesidad o resistencia a los cambios. Hay personas ‘muertas’ en vida que no se atreven a cambiar ni siquiera la ruta hacia el trabajo, ni lo que comen, ni se arriesgan a
vestirse diferente, a mover los muebles de la casa, o a pasar un fin de semana de otra manera.
Por eso cuando no se acepta, la resistencia al cambio se convierte en enfermedad. A las buenas o a las malas, el mundo se mueve y el cambio no consulta. ¡Simplemente se da! O me subo al carrito del cambio o el cambio me atropella. ¡Así de simple!

El nùmero 7

El nùmero siete tiene muchos simbolismos principalmente dentro del catolicismo. Muchos de ellos se pueden leer en este sencillo poema infantil que era recitado por en los colegios salesianos a principios del siglo XX. El mismo dice:

 

"De cabales siete días se compone la semana.

Grecia contó siete sabios según la historia relata;

Siete son las musicales notas del pentagrama,

Hasta siete se elevaron en el Egipto las plagas

Y siete son las cabrillas que nunca llegan a cabras.

En el pecho de la virgen vemos siempre siete espadas,

Los siete inmensos dolores que su corazón traspasan.

Los sagrarios siete son y son siete las semanas

Que componen la cuaresma. La Madre Iglesia nos manda

La observancia de los siete sacramentos que señala;

Los pecados capitales a siete también alcanzan,

Y contra estos siete vicios, siete virtudes se hallan

Siete son los gozos, siete colores forman la faja

Que llamamos Arco Iris. Fueron siete, según fama,

Los durmientes que hubo en Roma y si la historia no marra

Siete niños hubo en Ecija de malísima calaña

Y todos sietemesinos. La codorniz enjaulada

Siete golpes llega a dar y si de los siete pasa,

No es codorniz, es fenómeno; y aquí este romance acaba

¡Demonios, pues no me he hecho un siete en la americana!

(Tomado de "El amigo de la niñez, Montevideo, 1915)