Archivo diario: 14 septiembre, 2005
Estos dìas…
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Los sentimientos
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LOS SENTIMIENTOS… Una isla, donde vivían todos los sentimientos, la Alegría, la Tristeza, la Vanidad, la Sabiduría, el Amor… y otros mas. Un día le avisaron a los moradores de la isla que ella iba ser inundada. Asustado, el Amor trato y cuido de que todos los sentimientos se salvaran…Les dijo: – Huyan todos, la isla va a ser inundada!. Todos corrieron y tomaron sus botes, para ir al monte mas alto. Pero el Amor no se apuro, el quería estar un poco mas con su isla…cuando estaba casi ahogándose, corrió para pedir ayuda… En ese momento pasaba la Riqueza y le dijo: – Riqueza me llevas contigo? – No puedo Amor, mi barco está lleno de plata y oro, no tengo espacio. Entonces paso la Vanidad. Y el amor le pidió: – Vanidad, me llevas contigo? – No puedo, vas a ensuciar mi barco nuevo. Después paso la Tristeza: – Tristeza, puedo ir contigo? – Lo siento Amor, estoy tan triste que prefiero ir solo. Luego paso la Alegría, pero estaba tan alegre que no escucho el llamado del Amor…ya desesperado, y viendo que iba a quedarse solo, el Amor comenzó a llorar, entonces paso un bote con un viejito, y le dijo: |
– Sube Amor, te llevo.
El Amor estaba tan feliz que hasta se olvido de preguntarle el nombre. Llegado a la cima del monte, le pregunto a la Sabiduría quien era el viejito que lo llevo hasta allí. Y ella le dijo:
– Amor, fue el Tiempo.
– El Tiempo? Pero porque solo el Tiempo me pudo traer aquí?
Y la Sabiduría le respondió:
– Porque solo el Tiempo es capaz de entender un gran Amor.
Autor Anònimo

La pelea…

Sonatina, uno de los màs bellos poemas…

SONATINA
La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor..
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo en cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Rubén Darío (1867-1916)
