Archivo diario: 3 octubre, 2006

Tampoco de hoy…sino de un bello dìa primaveral

No puedo pasarlo por alto…mientras segùn me cuenta Mass, en el norte, el otoño ya pintando de colores los arces entre otros, se va instalando, aqui la primavera, muestra su despertar…

Y el signo màs evidente lo tuve hoy a la mañana temprano, cuando al levantar la persiana del dormitorio, lo primero que v en mis ojos, ademàs de un dìa precioso, infinidad de golondrinas, en una especie de danza, allì mismo, frente a mi ventana, casi, casi al alcance de mi mano.

No pude evitar admirarlas y al mismo tiempo recordar aquel bello poema que decìa: «…de tu balcòn los nidos a colgar…»

Que maravilla, como los cielos muestran sus señales, sin que aparentemente, nadie haya hecho nada…hacer sin hacer…

En estos dìas de bastante actividad para mi, igual no dejo de tomarme mi tiempo para mirar y admirar tanto regalo que la Madre Naturaleza nos dà…los atardeceres desde mi ventana, cada dìa diferentes, aunque parezcan iguales por lo bellos, muchas veces no puedo evitar correr a tomar mi càmara y fotografiar hasta que el sol se oculta…

Eso me hace bien. Es alimento para mi.

Y no sòlo me hace bien sino que me hace sentir muy bien.

Respiro esplèndidamente, me complazco en hacer inspiraciones profundas, reteniendo el aire y luego dejàndolo ir junto con mis tensiones.

Eso, eso…no tiene precio para mi!

Pd: debo decir que al recordar la frase del poema, no podìa recordar màs que eso, no màs del poema en si, ni su autor, aunque estaba segura que era español….hoy lo busquè y en un bello blog, de los tantos que abundan por aqui, lo encontrè y le agradecì a su dueña, el haberme permitido traerlo integro a mi memoria…es que hace tantos años que lo habìa leìdo…epòca de liceo…los años…los años…

Volverán las oscuras golondrinas

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales,
jugando llamarán;

 

pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar;
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
esas… ¡no volverán!

 

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,

otra vez a la tarde, aun mas hermosas,
sus flores abrirán;

pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día…
esas… ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;

 

pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido… desengáñate,
¡así no te querrán!

Gustavo Adolfo Becquer