


















Un hombre murió intempestivamente…
Al darse cuenta vió que se acercaba Dios
Quien llevaba una maleta consigo…
Y le dijo:
Bien hijo mio, es hora de irnos…
El hombre asombrado Le preguntó a Dios…
Ya… tan pronto tenía muchos planes…
Lo siento hijo…pero es el momento de tu partida
Qué traes en esa maleta? -Tus pertenencias…Mis pertenencias?
Son mis cosas, mis ropas, mi dinero?
-Lo siento hijo las cosas materiales que tenías,
nunca te pertenecieron…eran de la tierra.
…Traes mis recuerdos?
-Lo siento hijo, esos ya no vienen contigo
Nunca te pertenecieron, eran del tiempo…
…Traes mis talentos?
Lo siento hijo pero esos nunca te pertenecieron…
Eran de las circunstancias.
…Traes a mis amigos, a mis familiares?
Lo siento hijo pero ellos nunca te pertenecieron,
Eran del camino.
….Traes a mi mujer y a mis hijos?
Lo siento hijo ellos nunca te pertenecieron
Eran de tu corazón.
Traes mi cuerpo?
Lo siento hijo…. Ese nunca te perteneció
Ese era del polvo.
…Entonces, traes mi alma?
-Lo siento hijo pero ella nunca te perteneció…
Era mía…
Entonces el hombre llenó de miedo
Arrebató a Dios la maleta y al abrirla
…Se dio cuenta que estaba vacía…
Con una lágrima de desamparo brotando
De sus ojos, el hombre le dijo a Dios:
-Nunca tuve nada?
Si… hijo mío…Cada uno de los momentos que viviste
Fueron sólo tuyos…
La vida es sólo un momento…
Un momento todo tuyo
Disfrútalo en su totalidad….
Que nada de lo que crees
Que te pertenece te detenga…
Vive el AHORA ,
Vive TU VIDA
Y no te OLVIDES
de SER FELIZ!!!
Y yo agrego, es tanto lo que nos rodea para serlo!

que tuve hace un tiempo. Un sueño muy real y que hoy recordé especialmente al abrir un libro y caer de entre sus hojas una hora rosada escrita con una particular califrafía.
Era un poema que escribió una buena amiga que ya no está en este plano. Lo leí una vez más y una vez más pude comprender su dolor y su sentimiento. Pero antes de copiar aqui ese doloroso poema, voy a contar apenas y en un cariñoso homenaje a mi amiga Ma. Luisa, Lisita, como le gustaba la llamaran, un poquito de nuestra breve amistad.
Todo comenzó cuando en la espera de si viajar o no, y luego de haber vendido mi apto. me instalé aqui, en el apto que habia sido de los padres de Mass. Conocía algunos de los vecinos, por haber estado muchas veces de visita y en otra oportunidad, viviendo unos dias. Pero no fue desde alli que la conoci. Fue en este tiempo…Me la presentó otra vecina que coincidentemente habia sido profesora mia de Ciencias Naturales cuando concurría al San José de la Providencia y tantos años después nos reencontramos aqui.
María Luisa era una señora de 60 y pocos, muy pocos años, grande, alta y con unos enormes y preciosos ojos verdes, muy simpática y siempre acompañada de su perra siberiana Linka de ojos muy celestes. Habia algo en ella que llamaba la atención y era una forma extravagante de peinarse y maquillarse. El resto de los vecinos, no le prestaban mucha atención, según fui observando.
Sabía de ella antes de conocerla una tristísima historia, historia que hacia de este edificio, un lugar trágico. María Luisa, tenia dos hijas mellizas y habia perdido hacia poquitos años a una de ellas, que aún recientemente recibida de arquitecta, habia decidido quitarse la vida, arrojándose al vacio desde su quinto piso. Y esa no fue la única vez que una tragedia semejante se vivia aqui, lamentablemente.
Cómo podía sentirse bien esta madre, con tantísimo dolor a cuestas… Su forma de maquillaje y peinado mostraban un desequilibrio, que por cierto era tratado por especialistas. Pronto nos hicimos amigas. Se dedicaba a pintar, o escribir poemas, era muy romántica … tambièn le gustaba las plantas y tenía una cuantas que por cierto compartíamos! Sentía en ella, según me contaba, una gran necesidad de cariño, de confidencias. Asi un día y luego otro, la invitaba a tomar un tesito conmigo, mientras ella me contaba y mostraba fotos de sus hijas, de ella misma. Una preciosa mujer, una modelo, que parecía increíble fuera la misma de esos momentos.
Ella se habia encariñado muchisimo con mi Mariel, y a su vez Mariel con ella, al punto que no quería que si tenía yo que salir, la dejara sola, ella decía ser la "niñera" de Mariel. Se quedaba en casa, o en su propia casa al cuidado de mi mascota.
Un dia, le dije: Maria Luisa, que te parece si hacemos cambios en tu maquillaje para que se luzcan mejor esos precioso ojos que Dios te dió? y ella accedió de buena gana…Traje mis elementos de maquillaje, un espejo grande, le quité las rayas enormes negras que hacian pesados sus pàrpados mientras le decía que a nuestra edad menos era más, y luego me diría como se veía.
La maquillé suavemente, le regalé "pinturitas", cambiamos el peinado, más tarde el color y ya parecía otra. Me apenaba mucho que por su aspecto la consideraran….trastornada y que apenas la saludaran.
De vez en cuando, ella volvía a su llamativo maquillaje y estrambótico peinado y yo le decía, "Maria Luisa! otra vez, te olvidaste como hacerlo?" y ella sólo reía…pero en el fondo de sus bellos ojos se veía , una mirada extraña, como un enorme vacío, que yo achaba a toda la medicación que tomaba.
En nuestras charlas, asomaba un sentimiento de culpa, por no haber ayudado a su hija, la soledad en que vivía a pesar de hacerlo con su esposo. La otra hija, ya casada, no vivía con ellos y estaba esperando una beba, que nació para goce de su abuela, con sus mismos ojos verdes.
Pero ese nacimiento, tampoco fue suficiente para hacerla sentir mejor. "No era confiable una persona que tomaba tanta medicación para dejar en sus brazos una bebé recièn nacida". Y por eso sufría enormemente y me contaba "en secreto" que cada vez que iba a verla, aprovechaba algún instante que no la veían y apretaba a la beba contra ella, diciéndole cuànto la queria…
Mientras, continúabamos compartiendo algunas tardes. O llamados teléfonicos o simplemente haciéndose cargo de Mariel, cada vez que yo tenía que salir. A mi me daba "no se qué" dejársela, pero ella no queria saber que la dejara sola y la tenía en sus brazos , llenándola de mimos todo el tiempo.
Y sucedió un día que salíamos con Mass y aunque Mariel, ya salía con nosotros en el auto, ella quiso se la dejara y sin apuro! fue su recomendación., ya que nosotros evitabamos tardar más de la cuenta justamente para no abusar de ella.
Nada decía lo que dos horas mas tarde sucedería.. A nuestro regreso toqué su puerta y nadie respondió. Ni una vez, ni dos…sólo sentía del otro lado olfateando a Mariel y a Linka. Hasta que salió una vecina de piso y me dijo. "si querés sacar a Mariel, vas a tener que ir al sanatorio a buscar las llaves, a Ma. luisa le dió un ataque y está muy grave".
Fuimos y alli nos enteramos que su esposo la encontró caida en el suelo, con Mariel y su perrita Linka rodeándola, pegaditas a ella, como cuidándola…
Maria Luisa no regresó a su casa. Apenas dos días después y sin haber recobrado el conocimiento, se reunió con su hija, la que había decidido partir antes de tiempo…
Enorme tristeza al tiempo que conociendo sus días, no dejaba de sentir por ella, una especie de alivio.
Estuve con su otra hija, su esposo y …bueno, ese sentir que suele habitar en nosotros cuando nos damos cuenta de lo que no hicimos o dimos cuando debimos. Doble tristeza, clamaba tanto. ella, por todo eso…
Pasaron los días y una mañana desperté con la sensación de haber "vivido realmente" ese sueño. Senti que no había sido simplemente un sueño….en él, Maria Luisa golpeaba la puerta de mi apartamento, yo le abría y alli estaba ella, como cuando la conocí con su peinado estrambótico y su maquillaje estrafalario y entonces, yo le dije: "Pero María Luisa, otra vez, volviste a las andadas!" y ella con su mejor sonrisa, esta vez desde sus ojos y muy erguida, me dijo: "ya no importa, si vieras Mary que bien estoy ahora!" y asi, sin más, se dio vuelta, y se fue desapareciendo por la escalera…
Sentí que si, estaba al fin, sintiéndose bien…y asi se lo dije a su hija… No tengo dudas. Maria Luisa encontró al fin la paz, el descanso y seguro el Amor que tanta falta le hacía…
En homenaje a ti, amiga mía… tu poema y mi rosa.
LETANIA DOBLE
Mira este pobre rostro donde caen las lágrimas
porque eras bella y triste como el aguamarina.
Golondrina de amor que voló sobre su cáliz:
Porqué miré tu lento caer hacia mi vida!
Te descolgaste adentro de mi universo único
cuando toda la luz se moría por verte,
golondrina de amor que voló sobre el mundo.
El día que tus ojos miraron mi silencio
yo caí de rodillas con los párpados húmedos,
golondrina de amor que voló sobre su tiempo.
¿Porqué miré tu lento caer hacia mi mundo?
Porque todas las rosas querían tu presencia,
golondrinas de amor de mi universo único.
Te descolgaste adentro de la paz de mi paz de mis tardes
y alumbraste las cosas que se estaban muriendo,
golondrina de amor que voló sobre su cáliz.
Qué terrible la luz que se abrió en la penumbra!
Y nadie era más pobre que estas manos sin nadie,
que estos labios sin besos ni esta mirada muda,
Golondrina de amor que voló sobre su cáliz.
¿Porqué ya no la siento, su corazón se ha ido?
Golondrina de amor que volò en silencio,
Ah! las cosas que nunca volverán a ocurrirnos!
Lloro sobre mis manos mi universo desnudo.
amor porque eras triste, como el cielo y el humo.
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Dos señores estaban sentados en la banca de un parque, viendo como una ardilla saltaba de un árbol a otro. La ardilla se preparaba a saltar a una rama tan lejana que su salto parecía un suicidio. Se podría jurar que no la alcanzaría, pero siempre aterrizaba, a salvo, en una rama más baja. Luego subía hacia su meta, y parecía muy satisfecha.
El más viejo de los señores le dijo al más joven:
–He visto muchas ardillas saltar así, especialmente si hay depredadores alrededor, y nunca caen a tierra. Muchas de ellas no alcanzan las ramas a las que apuntaban, pero nunca he visto a ninguna lesionarse al tratar.
Luego, riendo, observó:
–Supongo que al menos tienen que correr un riesgo, pues si no se quedarían en un árbol durante toda su vida.
Después de esa experiencia, cada vez que el joven tenía que elegir entre arriesgarse en una situación o retroceder ante ella, se acordaba de aquel señor que en la banca del parque le había dicho:
–Tienen que arriesgarse si no quieren pasarse el resto de sus vidas en un solo árbol.
Y el joven se dijo a sí mismo:
–Si una ardilla corre riesgos, ¿voy a tener yo menos valor que ella?

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