Archivo mensual: septiembre 2008

Principios de la Ecologia Emocional

Leí esto y realmente me encantó. Pero me encantó porque si bien no los conocía como "principios" y menos de la "Ecología Emocional" sin duda, ya me eran familiares y de hecho practicados.
 
A veces sucede que hay cosas que las sabemos naturalmente y no le damos mayor importancia, en cambio si otro lo menciona y  si ese otro, es alguien con créditos detrás de su nombre, bueno! nuestro conocimiento entonces, se torna importante. Algo asi me sucedió con estos principios. Por eso quise compartirlos aqui. Muchos seguro ya los conocen, otros quizás no, asi que para recordarlos o conocerlos aqui van!
 
"Dedicamos toda nuestra vida a entrenar nuestra mente: adquirimos conocimientos y nos enseñan a pensar,
pero en el territorio emocional, en cambio, somos todos autodidactas, en mayor o menor medida.

Hay quien considera las emociones como obstáculos que interfieren en nuestra dimensión racional.

La Ecología Emocional sostiene que no es así y que las emociones son un lenguaje distinto y complementario.

Una mente inteligente pero desconectada de las emociones construiría mapas de decisión equivocados y peligrosos.

Las emociones dan color al paisaje y sirven para orientarnos en el mundo: nos indican si la ruta que hemos elegido es adaptativa o destructiva."

1. Principio de la autonomía personal.

Ayúdate a ti mismo y los demás te ayudarán.

2. Principio de la prevención de dependencias.

No hagas por los demás aquello que ellos pueden hacer por sí mismos.

3. Principio del boomerang.

Todo lo que haces a los demás, también te lo haces a ti.

4. Principio del reconocimiento de la individualidad y la diferencia.

No hagas a los demás aquello que quieres para ti. Pueden tener gustos diferentes.

5. Principio de la moralidad natural.

No hagas a los demás aquello que no quieres que te hagan a ti.

6. Principio de la auto-aplicación previa.

No podrás hacer y dar a los demás aquello que no eres capaz de hacer ni darte a ti mismo.

7. Principio de la limpieza relacional.

Tener el deber de hacer limpieza de las relaciones que son ficticias, insanas y no nos dejan crecer como personas.  

 
 

Para los de más de 40……

Para los de más de 40. (Eduardo Galeano, escritor uruguayo)

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores.

¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora está bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades. ¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos! Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están fastidiando! ¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica. ¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las
Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el
electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros? Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de ……….. años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon. La goma solo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’ pasarse al ‘compre y tire que ya se viene el modelo nuevo’. Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo). Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se
desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron? En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos… ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos! Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver!! ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘este es un 4 de bastos’.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el
ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney. Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la
copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las
hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. Ah ¡No lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les
declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los
cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour. Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.

Hasta aquí Eduardo Galeano.

 

Nota: no sé si serán sólo "uruguayeses", pero qué identificada me sentí! cuántas imágenes desde mi infancia hasta ….ahora nomás, me hizo recordar….cuántos cajones con cosas guardadas "por las dudas"…y en letra negrita y subrayado….cuánta razón en sus reflexiones.

Mientras espero la llegada de la primavera….

entre bellisimos atardeceres, paseos por la playa  ensayo tortas de boda y diseños de tarjeta para la ocasión! 

En estos días hemos disfrutado de días bonitos, linda temperatura, como anuncio de que el invierno ya está pasando, apenas la estela va dejando, rumbo a otras latitudes, mientras timidamente, a través de pequeñas florecitas en los árboles frutales, en el cada día más verde y crecido césped, la primavera se va acercando.

Tiempo de días más largos. Tiempo de renacimiento. Tiempo de nuevas etapas. El tiempo que me gusta.

No sólo en la naturaleza se nota el renacimiento, Los ciclos se sienten exterior e interiormente y eso es bueno. Buenisimo! Triste es, cuando pasan inadvertidos…

Además en esta primavera, tendremos boda! Mi niña bonita se casa. El 24 de octubre. Luego del disgusto sufrido, las aguas lentamente van volviendo mansamente a su cause, permitiendo de esa forma, que este importante acontecimiento en su vida y por ende en la mía, tuviese el tiempo, la dedicación y el marco adecuado y que ellos, Paula y Damián, se merecen.

Esta vez, estoy formando parte activa de todo el apronte, a diferencia de la boda de Diego, mi hijo, para la que llegué casi, casi justito de los Estados Unidos. Claro, igual tuve participación aunque más pequeña, supongo que por el hecho de ser el varón. Mi querido hijo, esperó que yo llegara, para elegir juntos el traje para la ocasión! Seguro Andrea vivió los preliminares junto a su mamá, asi como Paula los vive hoy junto a mi…

Hoy me dijo la profe de yoga…esto es como que se casan las dos y en cierta forma, asi es…

Estoy viviendo cada instancia formando parte, desde un ángulo muy especial, lleno de nerviosismo e ilusión, asi como lo está viviendo mi hija.

Asi, ya todo va tomando forma pero aún faltaba saber si y a quien encargabamos la torta!

Y he aqui, que me voy a animar a hacerla yo solita! Hace un tiempo por la tele, en un programa mañanero, vi hacer una torta realmente fácil pero muy original, lo recordé y creo es una muy buena opción, en lo que a hechura se refiere. A los novios, les encantó la idea. Lo más complicado será el famoso fondant! Pero para eso y que todo salga bien, están los ensayos y en eso estoy! a lo que sumo, el diseño de la tarjeta! que como no podía ser de otra manera y gracias a mi pasión por el diseño gráfico, mi niña me hizo pedido expreso. Asi que, doble ensayo!

Por ahora, las fotos serán de los atardeceres y paseos que contaba al principio de la entrada, las de los ensayos….mejor, le dejo lugar a las originales y definitivas cuando llegue el momento!

Mientras dejo mi cariño, agradecimiento  y mis saludos para la/os amiga/os de siempre, que muy amablemente me dejan mensajes y saluditos…..