Archivo diario: 13 febrero, 2013

Los beneficios del tejer….

Personalmente, desde hace un buen tiempo, me he dado cuenta que me encanta tejer. Con dos agujas, crochet y mi último atrevimiento!; tratar de aprender a hacer tatting o frivolité, una forma de tejido muy antigua con un aparatito especial al que se le llama naveta.

Tejer para mi es una especie de terapia. Me hace olvidar todo, me hace sentir paz…y me gusta!

Y por lo visto, no estaba muy equivocada en mis apreciaciones y si no lean:

TEJER, AYUDA EN MUCHOS ASPECTOS. NO TE PIERDAS SUS BENEFICIOS!

Publicado 10/10/2012 | Por aleuzzi

Relaja y ejercita la paciencia
El estrés, al que nos acostumbramos cada vez más las que vivimos en una ciudad, nos sumerge en una ansiedad que se hace parte de lo cotidiano. Esperar para que nos atiendan, esperar que salga el mail con los adjuntos, esperar el metro: nos parecen torturas, atentados a la calma. Y en esa locura de querer todo ya, perdemos la noción de lo que es hacer de a poquito y atravesar el tiempo real de las cosas. Tejer te obliga a bajar los decibeles, a ver las puntadas avanzar de a poco y a que el resultado sea la consecuencia de tu constancia ¡y tu paciencia!

Te conecta contigo misma. 
Las cosas que vas haciendo, sus formas y los colores que eliges son reflejo de tu personalidad. Tejer te conecta con lo lúdico y estimula mucho la imaginación. Empieza copiando cosas que viste y te gustaron, pero agregándoles tu toque personal

Ayuda a concentrarte. 
Estamos seguras de que si pudiéramos aplicar la concentración a la que te lleva el crochet en otras áreas de nuestra vida, las cosas serían mucho más fáciles y livianas. La mayoría de las veces, hacemos cinco cosas a la vez, y eso hace imposible concentrarse en serio, empezar algo y terminarlo. Con el crochet, eso no pasa. Te fuerza a concentrarte, y lo logras fácil porque te dejas llevar en los movimientos continuados. Además, como seguimos siendo ansiosas: ¡queremos ver la labor terminada lo antes posible!

Es práctico y útil. 
Puedes tejer en cualquier lado. El crochet va con vos y no ocupa espacio. Apenas una bolsita con la aguja y el hilo. Y lo puedes sacar donde estés, en los viajes al trabajo, en la playa, en las salas de espera, etc. Lo mejor es que no es sólo un pasatiempo: como cualquier trabajo artesanal, requiere dedicación, y los resultados son siempre beneficiosos: lo que tejiste lo vas a usar, regalar o hasta lo puedes vender.

Te enriquece.  
No hay nada más gratificante que ver algo terminado, y mucho más si eso lo haz empezado y lo terminado tu misma. El día que la manta que haz  tejido se extiende en el suelo terminada es un día de plenitud, ¡misión cumplida!

Exactamente! gracias a http://www.bichus.es por estas apreciaciones tan buenísimas! y a Mabel, amiga de FB por compartirlo! 

 

  

EL CIELO O EL INFIERNO

Leí este artículo y me encantó para compartirlo, seguro a más de uno «le resonará»! y si no me crees, lée y luego me cuentas…

El cielo o el infierno 

Te hablé ya de ese laberinto que los hombres construyen en su mente y de los miedos con los que combaten mientras lo recorren. También nombré al sufrimiento y a la ilusión de poseer.
 
Sin embargo, conozco personas a quienes estos discursos les sonarán extraños, no relacionan el camino andado con el lugar donde apoyan sus pies, su presente con su pasado. No obstante sufren y aunque te acerques amistoso rechazarán tu mano ya que aún ese sufrir lo organizan en nombre de su privada felicidad.
 
A una persona así le puedes pedir que abandone todo. Y lo hará, por cierto. Dejará su mundo atrás, abrazará ésta o aquella causa, buscará refugio en una isla desierta, renegará de su padre y de su madre, de su religión o de su sexo.
 
En fin, abandonará todo, menos su particular sufrimiento porque en el fondo ama su manera de hacerse daño ya que allí encuentra un personal sabor, un color que reconoce como propio un espejo donde se identifica y se afirma.
 
Piensa: hasta el suicida ata la cuerda al árbol en nombre de su singular modo de ser feliz.
 
Te aseguro que este modelo quién más, quien menos lo padecen todos los caminantes. Y a veces lo llaman infierno.
 
El infierno lo creamos nosotros mismos y por momentos hasta dejamos que el fuego que inventamos nos consuma. En vez de mirar todo lo bueno que la vida nos da, parece que nos gustara detenernos en lo malo y maximizarlo. Y no nos
damos cuenta que poco a poco nuestra vida pasa de ser un cielo a ser un infierno… El tan temido, el tan criticado y minuto a minuto nos dejamos envolver por sus llamas enormes y entonces nada es claro, todo es desagradable y pisamos cenizas: Nuestras propias cenizas, nuestro pasado, nuestro presente, y hasta nuestro futuro lo hacemos arder y dejamos que el fuego crezca.
 
Cuando notamos que el fuego empieza a encenderse tenemos que tratar por todos los medios de buscar ayuda. Si no está en nosotros, buscarla afuera, siempre encontraremos a alguna persona que apague esa pequeña hoguera. Pero miremos bien hacia dónde vamos, no nos llegue a pasar que equivoquemos el camino y en llamas encontremos a alguien que esté como nosotros y en vez de apagar el fuego o aquietarlo, sople y nos encienda más.
 
Si elegimos el infierno debo decirles que ésta no es la mejor manera de llamar la atención. En el lamento constante por aquello que nos ocurrió no vamos a encontrar la salida real, la que nos ayude a crecer, a sentir y a volver a empezar. Al contrario la mayoría huye del infierno porque, si bien, todos en un momento u otro de nuestra vida solemos estar en él, es mucho más admirable aquel ser que logra detenerse, apagar las llamas, curar las heridas y que busca ayuda a aquél que huye, que culpa, que se siente una víctima y que por sobre todo, impide que otros le muestren el camino para que pueda tocar cielo alejándose para siempre de ese infierno.
 
El cielo o el infierno:
 
La elección es tuya.
 
Mario Corradini
 
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