Elogio al despertar

Elogio al Despertar

Las hojas amarillentas cumplen con el interminable ciclo temporal, cayendo  abandonadas al despiadado viento otoñal.

La realidad color sepia, como un álbum de fotos viejas, insiste en recordarnos el tiempo que ya pasó, y que a su vez, no termina de pasar.

Las mujeres tapadas de azul bordeau, los hombres formales de gris marrón, circulan con su paso firme, decididamente  dirigiéndose hacia ningún lugar.

Avanzando en la anónima ciudad, como autómatas de una rutina que también transitaron otrora sus padres, sus abuelos, en fin, sus centenarios antepasados, sus milenarios ancestros.

Ocurre que nos contaron que Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén, y estamos condenados por haber comido del fruto del árbol de la sabiduría, al eterno exilio del desconocimiento y la ignorancia.

Cuál Zombis de una rutinaria y ominosa película de terror, caminan por las frías metrópolis los muertos vivos, disfrazados de vivos muertos.

Se avecina el invierno crudo, cruel, riguroso, despiadado, que no atravesarán muchos marginales para por fin obtener el esperado límite a su sufrimiento, el anhelado descanso final.

¿Es que podemos llamar vivir a sólo durar?.

¿Es que se puede llamar vivir al eterno dudar por temor y postergar?.

¿Es que se puede llamar vivir a quien no conoció el amor y la pasión por algo o por alguien?.

Si supiéramos que tenemos nuestros días contados en esta tierra, ¿aplazaríamos un viaje improvisado con incierto y apasionante destino de aventura?; ¿ignoraríamos el deleite de un ocaso?; ¿el canto de los pájaros que insisten en despertarnos?;¿el aroma del café en cada nuevo amanecer?; ¿el sabor de un buen vino tinto?;¿el sonido de una guitarra a la luz de la luna?; ¿el beso apasionado?; ¿el asombroso descubrimiento de nuestro cuerpo a través del amor y no solamente del dolor?;¿una hermosa poesía que nos conmueve haciéndonos probar el gusto salado y dulce de nuestras lágrimas?; ¿los primeros pasos de nuestros hijos?; ¿el viento frío sobre nuestro rostro y luego el calor del hogar?; ¿el viento cálido en nuestro cuerpo, y luego el agua fría del mar?.

Si supiéramos que tenemos nuestros días contados, ¿a quiénes les manifestaríamos nuestro amor?; ¿a quienes les demostraríamos lo que sentimos con hechos, caricias y palabras?.

¿Dejaríamos de encontrarnos con nuestros seres queridos, por nuestras aburridas, monótonas, rutinarias  y por sobre todo siempre obligadas obligaciones?.

¿De cuántas y qué cosas que no hemos realizado nos arrepentiríamos profundamente con el amargo sabor de la conciencia del tiempo que ya pasó, de la oportunidad que para siempre se perdió?.

Y si de estos valores se trata, los invisibles a los ojos, los que importan de verdad, los inconmensurables, ¿quiénes son los verdaderos marginales?, y ¿cuántos, entonces hay?.

Si supiéramos que tenemos nuestros días contados, finalmente, ¿dejaríamos de vivir, para sólo sobrevivir?.

Tengo para darles una buena noticia, aunque sospecho que solo  sea  para unos pocos que puedan escucharla de verdad, y por sobre todas las cosas, para unos pocos que puedan recordarla de verdad, esto es tenerla presente de verdad.

Es una buena nueva, contraria a todo discurso religioso que supone que lo mejor vendrá en la otra vida, en el más allá; pero también opuesta a posiciones escépticas, descreídas, melancolizadas, desesperanzadas, entregadas a la creencia de imposibilidad de transformación de un destino que siempre se supone como inexorable.

Quiero comunicarles con entusiasmo una obviedad que tal vez pueda sorprenderlos, porque en esta cuestión solemos estar todos dormidos en un absurdo sueño de eternidad.

Quiero decirles simplemente que:

TENEMOS NUESTROS DÍAS CONTADOS.                  

Lic. Eduardo García Dupont

Una respuesta a “Elogio al despertar

  1. kE CANSINA…. BUFFFF

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